
Con la celebración del aniversario de la final de Perdidos, me ha dado por recordar otra serie que se despedía en fechas cercanas, Ashes to Ashes, y a mí personalmente, me dolió más despedirme de Gene Hunt que de Jack Shepherd. Pero al que más echo de menos es a Sam Tyler, el protagonista de Life On Mars, la predecesora de Ashes to Ashes
¿Por qué quieres volver a casa, Sam?
Esa pregunta nunca se la planteó Sam Tyler cuando después de un accidente de coche, se despertó en un descampado de 1973. Su mundo había cambiado, lo habían trasladado en el tiempo a una época difícil en su vida, con tan sólo cuatro años su padre lo abandonó. Sam sólo quería volver a su vida normal, a su comisaría moderna donde los policías eran respetuosos los unos con los otros, donde disponían de ordenadores, Playstations y donde estaba su novia Maya.
Sin embargo, en su empeño por volver, Sam no se dio cuenta de que en su vida real no era feliz. Vivía centrado en el trabajo, su relación con Maya hacía tiempo que había dejado de ser una relación y era ahora, en ese Manchester de 1973 cuando por fin estaba disfrutando de la vida y aprendiendo a ser feliz.
Sam encontró en Annie una amiga fiel que a pesar de su aparente locura, se mantenía a su lado y le ayudaba para buscar su camino. ¿Pero qué camino? Porque Sam no sabe qué hace allí, no sabe cómo ha acabado en esa comisaría ni el porqué. Su eterno dilema es descubrir si ha viajado al pasado, si está en o coma, o si simplemente está loco.
Se trazará metas para lograr su deseo, el de volver a casa, pero las metas que él cree que le llevarán a la época actual sólo le revelan la verdad sobre sí mismo y sobre su pasado. Pero Sam sí que tiene que hacer algo para regresar, acabar con todo lo que ha conocido allí. Eso quiere decir acabar con Annie, Gene, Chris y Ray.
Seres que él considera parte de su imaginación, pero que tanto él como los espectadores han aprendido a amar. Hemos descubierto que tras esa brutalidad de Gene, se esconde un policía de los buenos. Por eso, cuando toca la hora de despertar y regresar al mundo tal y como es, uno no se siente complacido.
Sam los abandona y regresa a un mundo frío y gris, donde ya no siente nada, donde no es feliz. Y el corazón se te encoge cuando Sam Tyler, desde lo alto de la azotea de un edificio, da un salto al vacío, sabiendo que al otro lado le espera un mundo de color y la mujer a la que ama. Y mientras te limpias las lágrimas, no puedes evitar sonreír porque sabes que Sam es feliz.