Me llegan muchas voces críticas sobre el descontento general con la ficción televisiva nacional. Mis amigos, mis twitteros, mis compañeros de clase…Ahora somos más porculeros a la hora de mostrar si una serie nos parece una bazofia. Hacemos hashtags imposibles en twitter y los expandimos como la pólvora, hiriendo las sensibilidades de más de uno (sobre todo del equipo que forma parte de la producción criticada).
Nuestros comentarios son ácidos y directos. Sabemos cuál es el problema y proponemos soluciones. El público ya no se traga cualquier cosa. ¿Pero somos público?
Leyendo el artículo sobre LunaCalenda (se acorta el título desde ya) de Alberto Rey, me paro a pensar sobre sus palabras “No está hecha para que los cuatro gatos que vemos ‘Mad Men’ o ’30 Rock’ le dediquemos nuestro tiempo, no es para nosotros.”
¿Quién es ese nosotros? Yo me he considerado público desde los cinco añitos que me pasaba las tardes soñando con casarme con Remington Steele. El terreno nacional nunca me ha entusiasmado. Recuerdo que Al salir de clase no marcó mi vida, ni Compañeros. Series que iban destinadas a mi generación y que mis compañeros de clase adoraban, a mí simplemente me aburrían. Alguna vez las vi pero se debía más que nada a que no echaran otra cosa interesante en la tele. ¿No formaba ya parte de ese público que buscan las cadenas?
Las series no son mi vida, pero si gran parte de ella. Creo saber qué serie es buena y cuál mala. No me hace falta visionar muchos episodios para reconocer un producto de calidad. Pero ¿quién me ha dado voto? Si Luna Calenda me pareció un horror y arrasó en audiencia ¿tengo yo más razón que esos tres millones de personas que siguieron la serie?
En twitter leí varios comentarios positivos hacia el primer episodio y me sorprendió que todo el mundo se enganchase a algo que a mí me estaba aburriendo horrores. Cuando en mi casa me dicen que una película es mala, les contesto que es que ellos no la entienden o no les gusta. Pero en el caso contrario, cuando yo digo que es mala es porque es mala de verdad. ¿Me he convertido en una snob? ¿Estoy sufriendo de la crisis existencial del crítico televisivo?
Ya no sé meterme en la piel del espectador medio. No sé lo que pensará la vecina del quinto sobre el último episodio de Aída (no tengo vecina del quinto porque vivo en un unifamiliar, pero queda bien). Los blogs no los leen este público medio ¿pero qué pasa con la radio y periódico? Programas como LaScript o blogs como La Quintatemporada analizan el mundo del cine y series actual, pero estos medios están destinados a un público selecto ¿snob y gafapasta?. Una conversación íntima entre nosotros porque hace tiempo que la ficción española se ha olvidado de nosotros.
¿Ya no importamos?
Esperemos que la innovación aparezca en las televisiones españolas y que un día de estos podamos disfrutar de una serie nacional no por las gracias que soltamos en twitter, sino por sus guiones.
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