Ya el otro día nuestra querida Marien nos confesaba su adicción a Bones. Debo confesar que yo también lo soy. Y mira que me costó, porque al principio no entendía tanto entusiasmo por la serie.
Acostumbrada a ver una y otra serie sobre investigadores, esta me parecía de lo más normalita. Casos sencillos y olvidables. Hasta que un día presté atención y descubrí a unos grandes personajes. Me encantaron y conecté mucho con Brennan y con su relación con Booth. Fue entonces cuando me di cuenta de que la serie eran los personajes y en especial, ellos dos.
A partir de ahí, vi la serie cada vez que la pillaba por la tele e iba descubriendo episodios nuevos. Algunos casos me parecieron muy interesantes, algunos me emocionaron y otros hicieron que estuviese agarrada al sillón durante un buen rato.
Porque de repente empezaron a crear arcos de episodios que involucraban directa o indirectamente a los personajes. Eso atrapa. Los llegas a querer y verlos en peligro te da miedo. Han jugado muy bien en todas las temporadas con un balance perfecto de episodios. Los arcos de la temporada cada vez se iban desarrollando mejor como el de Gormogon con una resolución muy arriesgada o el de El Sepulturero.
