
He tenido esa sensación esta semana con dos series. Una ha sido Chuck, la otra One Tree Hill.
Ambas producciones han estado luchando desde hace años por la renovación, que milagrosamente siempre han obtenido. Chuck, que estrenaría ahora su quinta temporada, es un pequeño milagro para la cadena NBC. La misma cadena emitió una serie de temática parecida, Undercovers de J.J. Abrams, y sólo se emitieron once episodios de los trece que formaban la primera, y única, temporada. Pero de ésta se esperaba mucho más por ser quién era, su creador.
Chuck, sin embargo, es una serie cómica, fácil de ver y que mantiene el interés con sus famosos clifhangers al que hacen referencia en algunos episodios. El carisma de sus actores, personajes entrañables y un aire friki cómic que inunda la producción, la convierten en una serie para fans. Pero tener fans, no es lo mismo que tener audiencia, así que todos los años, cuando se acerca la fecha fatídica de anunciar las cancelaciones, los fans crean sus campañas con videos, blogs, pósters y parece que ha ido funcionando, porque la sorpresa llegaba cuando la cadena anunciaba la renovación de la serie.
Pero claro, que te pase eso una o dos veces cuela, y lo consiguieron hasta una tercera vez. Por eso, seguramente ahora que se encontraban en la cuarta vez que se enfrentaban al dilema de ¿renovar o no renovar? los guionistas y productores, decidieron hacer un final preparado para dar el cierre definitivo a la serie. ¿Y qué pasa? Que días antes del estreno del último episodio de la cuarta temporada, la cadena anuncia que Chuck sigue una temporada más, esta vez de trece episodios.
Los fans gritan como locos, los actores y productores dan las gracias a estos, y no salen de su asombro. Pero ¿y ahora qué? Porque ves el episodio y piensas ¿pero después de esto qué me vas a contar? Poco queda, porque el clifhanger que han soltado no lo parece tanto, no se crea la intriga suficiente para la siguiente temporada, y ahora se tienen que enfrentar a qué contamos en los trece episodios que nos faltan. Los guionistas van a vivir unos meses bastante incómodos.
Y lo gracioso de todo esto, es que ha pasado con otra serie. Con la invencible One Tree Hill. La gente la critica mucho, yo la primera, pero es que se adentra en su novena temporada y parece mentira. Ha superado hasta la marcha (o cómo me comentaron hace poco) despido de dos de sus actores principales, y a pesar de las idas y venidas de las historias que se viven en ese pueblo, que si psicópatas, accidentes de coche, infidelidades y padres asesinos…la serie sigue adelante. La verdad es que a pesar de ser un culebrón modernizado y americanizado, la serie no molesta. No termina de ser una serie mala, porque tiene buenos personajes, interpretados por buenos actores y acabas cogiendo cariño a esa familia que se han formado, así que la ves obviando las partes aburridas y surrealistas (que para algo está el ratón y la barra del tiempo) y te quedas viendo a la guapísima de Brooke Davis con el encantador Julian o a la familia adorable de los James Scott.
Pero a estos les ha pasado lo mismo que a los de Chuck, se han pensado que no podían seguir con tanta suerte, así que han hecho una series finale, y con todas las letras. Momentos que recuerdan al primer episodio, el cierre de todas las historias de los personajes, y hasta el atisbo de una nueva generación. Pues van y renuevan la serie. Pero ¿qué nos van a contar? Porque algo que siempre ha tenido esta serie es que acaban las temporadas y pasaba algo que te dejaba muerta del susto, sin saber qué iba a pasar ¿ha muerto Dan Scott? ¿A quién elegirá Lucas? Pero este año no hay nada de eso, y ves que los personajes han acabado su camino.
Bueno, para algo están los guionistas, para comerse el coco intentando cómo sorprendernos, pero ahora que nos han mostrado dos finales de serie perfectos, ¿cómo lo superarán cuando se acerque el definitivo?
